Maldiciones — Nadie Me Cree


¿Te pasó algo increíble?
Pero tienes miedo de que nadie te crea...


Maldiciones

Historias relacionadas con maldiciones impuestas a una persona, a toda una familia, a un lugar o a un objeto, contadas por miembros de nuestra comunidad.

Inexplicable
Traducido del indonesio
Publicado: 2026-04-16

Me llamo Rahmat, tengo 34 años, soy de Yogyakarta. Esto pasó hace 3 años. Yo tenía una cafetería chiquita en la zona de la Universidad Gadjah Mada. Las cosas iban bien. Los estudiantes venían todos los días, contraté a dos chicas para la caja — a la segunda la verdad más porque era hija de la vecina de mi mamá, la señora pidió el favor. Hasta estaba pensando en abrir un segundo local. Mi mamá estaba feliz. Por primera vez en la vida sentía que las cosas me estaban saliendo bien. Y en una semana todo se derrumbó. Primero se descompuso la máquina de café. Compré una nueva. Al día siguiente la nueva también se descompuso. Simplemente no encendía, el técnico dijo que no entendía qué pasaba. Después reventó una tubería dentro de la pared, se inundó todo el local. Mientras estaba secando todo, una de las empleadas se desmayó ahí mismo en la caja. Se cayó y rompió la vitrina. Ya se imaginarán los gastos — doctor, reparaciones. Y a la mañana siguiente encontré una mancha oscura junto a la puerta de entrada. Algo aceitoso, apestoso, como una mezcla de incienso y algo podrido. Yo la verdad no soy supersticioso. Pero cuando vi esa mancha, se me erizaron los pelos de los brazos. Me quedé parado ahí nomás viéndola, y tenía un sentimiento adentro que no puedo explicar. Algo feo. Mi mamá llamó ese mismo día. Yo no le había contado nada de la mancha, pero ella me dijo: "Rahmat, ve con Ki Lurah Semo." Así nomás, sin motivo. Dijo que había tenido un mal sueño. Cuando a ella le da por un mal sueño, no te deja en paz, así que fui. Ki Lurah Semo es un dukun que vive en un pueblo al sur de Yogyakarta. Tiene como setenta años, quizás más. Mi abuela iba con él cuando yo era chiquito. Me acuerdo de su casa — sencilla, piso de tierra, un árbol baniano enorme en el patio. No cobra una tarifa fija, simplemente dejas lo que puedas. Fui. Tampoco sabía qué más hacer. Ki Lurah Semo estaba sentado en un petate tomando té. Me miró y dijo: "¿Tienes un socio? ¿Alguien con quien ibas a empezar un negocio?" Y se me heló la sangre. Porque sí… lo hubo. Adi. Habíamos planeado abrir la cafetería juntos, pero nos peleamos por dinero antes de abrir siquiera. Él puso una cantidad chica, yo le devolví todo hasta el último centavo, y cada quien por su lado. Yo pensaba que todo había terminado bien. Ki Lurah Semo dijo pocas palabras pero algo así como: "Fue con alguien. No conmigo. Y pagó para que tu negocio se muriera. Él cree que lo estafaste." Me daba vergüenza estar sentado frente a un dukun escuchando esto. Y al mismo tiempo… sentía que estaba diciendo la verdad. Porque Adi de verdad estaba dolido. Él creía que la idea de la cafetería era suya, y que yo se la robé y gané dinero con ella. No es cierto, pero él así lo creía. Ki Lurah Semo me pidió que le trajera tres cosas: agua del pozo cerca de mi cafetería, un puñado de tierra del umbral y una flor de jazmín blanca. Llevé todo al día siguiente. Puso un recipiente con agua en el suelo, echó la tierra y la flor. Empezó a recitar algo… no en indonesio, en javanés antiguo. El agua en el recipiente se puso turbia, después casi negra. Luego se inclinó hacia el recipiente y sopló, y el agua se volvió transparente otra vez. Limpia. La flor de jazmín flotaba en la superficie como si nada. Me dio esa agua y me dijo que la tirara en el umbral de la cafetería. Y después dijo que cuando alguien paga para que su rabia entre en la casa de otro, eso no pasa sin dejar huella en él. "No te enojes con él. Solo cierra la puerta," eso fue lo que dijo. Tiré el agua en el umbral esa misma noche. La mancha que no pude quitar en tres días, a la mañana siguiente ya no estaba. Así nomás. El concreto estaba limpio, como si nunca hubiera habido nada. Una semana después la máquina de café funcionó. Simplemente encendió cuando apreté el botón esa mañana. La empleada que se había puesto mal volvió a trabajar. Los estudiantes regresaron. Para fin de mes la ganancia era más alta que antes de todos los problemas. Y medio año después me encontré a Adi en el mercado por casualidad. Se veía mal. Flaco, ojeras. Volteó la cara y se fue. Me dio lástima. Ki Lurah Semo había advertido que le iba a regresar. Así funciona esto. Yo no me vengué. Hasta quise llamarle, pero mi mamá dijo que no. No abras esa puerta otra vez. Ahorita tengo dos cafeterías. Las cosas van bien, alhamdulillah. En el umbral de cada una tengo una macetita con jazmín. Ki Lurah Semo lo recomendó.

Otro
Traducido del inglés
Publicado: 2026-03-27

Me gustaría compartir algo que nos pasó a una amiga y a mí. Lo que empezó como una broma inocente puede que se haya convertido en algo completamente distinto. La verdad, ya no lo sé. ¿Han visto alguna vez la serie Supernatural? ¿Se acuerdan de los capítulos del demonio de las encrucijadas, donde la gente intercambiaba diez años de vida feliz y exitosa a cambio de su alma? Bueno, esta es nuestra historia. Lucy y yo vivíamos en una residencia universitaria, siempre buscando trabajos de medio tiempo. Después de graduarnos, habíamos fracasado en una entrevista tras otra. Y en el amor nos iba más o menos igual. Una noche — después de una fiesta, una pelea con mi novio y unos cuantos cócteles de más — a una de las dos se le ocurrió, medio en broma, que intentáramos invocar al demonio de las encrucijadas. Obviamente, no iba en serio. Nos fuimos en coche hasta un cruce en las afueras del pueblo, en plena madrugada. Pusimos unas velas y, muertas de risa, gritamos algo como: "¡Demonio de las encrucijadas, te invocamos!" No pasó nada. No firmamos nada. Nos reímos un buen rato, nos dio frío y nos fuimos a casa. Nos olvidamos por completo del asunto, hasta que más o menos un año después, en la fiesta de cumpleaños de Lucy, todos le decían lo increíble que había sido su año. Había conseguido un trabajo genial, conocido a un chico maravilloso, y tenía una boda y una carrera brillante por delante. Entonces me jaló aparte y me susurró: "¿Y si aquella noche funcionó de verdad?" Me quedé helada. A mí también me estaba yendo increíblemente bien: estaba enamorada y montando mi propio negocio. Pero claro, le quité importancia. "Esa noche no apareció nadie", le dije. "No firmamos nada." De eso hace poco más de nueve años. Y hace un mes, a Lucy la atropelló un coche. Sigue en el hospital. Lo tiene todo: un marido y un hijo a los que adora, dinero, éxito. Pero está postrada en una cama de hospital, en estado crítico, y todavía no ha despertado. Nunca firmamos ningún pacto. Solo estábamos jugando. Pero nuestras vidas de verdad cambiaron después de aquella noche. Siempre nos dijimos que era solo una coincidencia. Pero ahora… estoy aterrada.

Inexplicable
Publicado: 2026-02-05